La Estilográfica Virtual

Es este rincón recóndito de la red dónde hila con una pluma digital este loco (otro más) ideas, historias y versos.

Sean pues bienvenidos, disfruten de su entancia y no olviden dejarse algo antes de partir para estar así seguro de su regreso.


lunes, 10 de enero de 2011

Comenzando a caminar

Lo extraordinario de las historias no es que ocurran sino cómo lo hacen. He aquí algo que sucedió tal día como hoy hace algún tiempo. Tras semanas de fríos atados a los huesos y como si de un espejismo se tratase una mañana amanece despejada y el sol acaricia con gracia la piel dando esa reconfortante sensación de tibieza.

En cuanto sale uno de su refugio de paredes y cemento se da cuenta que la calma y el silencio es pura fantasía. El bullicio de la ciudad esta por todas partes lo engulle todo, lo devora con su movimiento y su ir constante. Las hileras de coches rugiendo impacientes, la gente al hablar al caminar, e incluso algún sonido más de fondo e indeterminado, uno llega a tener la impresión de que es la ciudad entera la que habla y mantienen una interminable conversación consigo misma.

En ocasiones este parloteo se interrumpe por una alarma impaciente que vocifera o por el chillido estridente de una sirena que a poco que se aleja queda de nuevo enmudecida por la voz constante y monótona de la propia ciudad.
Caminé de una calle a otra, sin rumbo alguno, dejándome llevar por las sensaciones que cada lugar proponía. Al segundo o quizás el tercer giro apareció una apacible plazuela empedrada, los adoquines sin pulir con esporádicos brotes de hierva en las juntas daban la sensación de que aquel suelo hubiese estado allí siempre. Los frondosos árboles en las cuatro esquinas de aquel cuadrado entrelazaban en el centro sus ramas como si se tratase de una cúpula o una cruceta de una de esas catedrales góticas, con los árboles como columnas y las ramas haciendo arcos. En el centro a modo de pila bautismal una fuente apenas elevada un metro del suelo, en el centro un tubo de cobre alimentaba de agua un estanque de piedra redonda y cóncava, este al rebosar alimentaba a su vez a otro de mayor diámetro un nivel más abajo y este último a la pila central y de mayor tamaño que se elevaba desde el suelo.

jueves, 17 de junio de 2010

Eres

Eres la sombra callada y oscura
eres lo pasajero, todo,
mi ausencia aún presente.
quien en esta noche
marcha lejos con mi consciencia.
Eres juez y condena
a mis pies atada
y a quien nada oculto;
sólo la noche.

jueves, 1 de abril de 2010

Bebe conmigo

El pan y el hambre,
penas y alegrías, no el metal
es el que cambia de manos sino la vida.
Joyas y jirones van a uno u otro.
Sueños y pesadillas;
no, nunca es metal,
es la vida con lo que se mercadea,
quién la otorga y quién la pierde,
quién la posee y quién la ansía.

Vendrás en su busca
pero yo no la tengo.
Anda perdida en esquinas
apostada en el licor de esta copa.
Ni compro ni vendo.
Bebe conmigo o vete; vive o muere.
No habrás de comprar
lo que no te pertenece,
pues así
vive o vete, bebe conmigo o muere.

... Y tú

Y tú en la ausencia,
me turbas y escapas
como una sombra, como la bruma.
Y tú en el adiós,
me hablas y desapareces
en un ensueño, una caricia.
Y tú en el olvido,
me besas y te marchas
como la voz, como la palabra.

martes, 22 de diciembre de 2009

El hombre Sombra (Primer encuentro)

Un yo impersonal, eso es lo que mostraba, lo que se dejaba ver tras aquella silueta. En ocasiones y mezclada con la proyección de las ramas tomaba una forma grotesca, en la que no era fácil determinar quien era mi interlocutor. Pasados unos minutos por el cambio constante que marcaba el sol al moverse se transformaba en una figura amable.

Desde luego, cualquiera, al ver sobre el suelo de arena moverse los labios en aquella cara plana se habría sentido tentado a girar la cabeza en la dirección de la luz para buscar al bromista que jugaba con nosotros. Y efectivamente yo lo hice en al menos un par de ocasiones, pero allí, e incluso hasta cierta distancia no había nadie. Desde luego nadie que prestara la menor atención a aquella peculiar conversación. Algún chiquillo pasaba correteando a algunos metros tras mi espalda con su madre siguiendo sus pasos vigilándole. De repente, como si el hecho de contemplar aquella mancha humanoide en el suelo fuera obligado para mantener la magia, notaba que el susurro de su voz se extinguía y permanecía ausente, hasta que, aún con suspicacias justificadas pero convencido de que nadie más había, encaraba de nuevo a aquel suelo negro que parecia observarme con curiosidad entre tanto. No sé si aquellos silencios eran por respeto a mis naturales miedos o acaso a la necesidad imperiosa de mi total atención. En cualquier caso nunca pareció ofenderse con aquello. Todo lo contrario, tras el silencio parecía más animado y alegre, sus palabras se hacían más rapidas e incluso más ágiles en las ideas.

...///...

Recuerdo cierta ocasión, dijo de repente, siendo yo aún joven, en que me asaltó la absurda idea de ser distinto de cuanto había a mi alrededor. Ya sabe usted como es la juventud, siempre impetuosa y disparatada. Pues bien en aquel momento no me pareció tan loca la idea sino más bien original y atractiva. Seducido de esta forma por la inconsciencia comencé a hablar de forma diferente, a vestirme de forma diferente a gestualizar de maneras para mí nuevas e incluso con tiempo y disciplina a pensar de formas distintas a las que había conocido.

Supongo que esto es una enfermedad común en los jóvenes, puesto que al cabo de no mucho tiempo me di cuenta de que todos los de mi entorno, en realidad, vestían de la misma forma estrafalaria que yo, y que a la sazón anunciaban todas las grandes tiendas, mis actitudes y gestos eran copiados unos de otros y en algún punto, ya sea como origen o como fin, por algún famosete de la televisión al que todos nos quedábamos enganchados como bobos. El habla era vacía, palabras encadenadas que decían poco o nada, y que lo único que tenian era un grupo de gente en común. El pensamiento inocente e idealista era digerido, tergiversado, corrompido y vendido después como ideas salvadoras que todos aceptábamos sin mas.

En fin, al querer ser diferentes nos habíamos convertido en un grupo homogéneo de diferencias comunes.

jueves, 25 de junio de 2009

Háblame

Ven aquí, háblame,
te he estado esperando hace tanto
que casi no recuerdo tu ser,
tu presencia siempre esquiva.

Ven, acércate más y háblame,
no dejes de hacerlo,
tu voz se me ha hecho extraña
como la excitación, como tu aroma.

Ven y háblame mas cerca,
casi en mi oído,
que tu voz resuena dentro
tan lejana
que no es sino casi un murmullo.

Ven aquí y quédate conmigo
sin parar de hablarme,
que no te añoren más mis anhelos
mi risa, mi rabia, mi dolor,
en la oscuridad y sobre el vacío
de tu ser exiguo, de tu mí ajeno,
y que por mi boca habla y habla.

viernes, 29 de mayo de 2009

Versos de amor roto

No es tu voz lo que añoro
no es tu tacto tan cálido
no son tu ojos ni tus lábios
no es tu memoria lo que añoro
sino tu olvido.

Para otro el aire,
para otro el aliento,
para ti la risa,
para mi el viento